16 marzo 2012

Me carga la gente

Siempre me he preguntado por qué soy tan malo para las reuniones sociales como carretes, asados, fiestas y aquelarres, y llegué a la conclusión que no me gusta la gente.
Disfruto los fines de semana en mi departamento solo, haciendo nada. Contrario a todo el mundo, me gusta ir al cine solo y mientras más vacía esté la sala mejor (por eso voy a la primera función de la mañana). Me carga caminar con gente, prefiero la compañía de los audífonos y el shuffle de iTunes.

Estoy cinco días a la semana por ocho horas con gente, ya sea en la micro, en el metro o en el trabajo y, para mí, eso es suficiente (quizás demasiado). Por eso las tardes de los días hábiles y los fines de semana me pertenecen, son solo para mí y nadie más.

Me carga tanto la gente que en verdad deseo que llegue luego el apocalipsis zombie. Me carga tanto la gente que a veces tengo los audífonos puestos sin música, solo para que no me hablen. Me carga tanto la gente que prefiero tener una moto a un auto, porque no quiero llevar a nadie. Me carga tanto la gente que cuando en la calle me preguntan por alguna dirección, la doy mal (a veces es porque en verdad no sé de qué me hablan). Me carga tanto la gente que me carga ir a una tienda a comprar, por eso lo hago por internet.

Así que si alguna vez te miro feo, no te preocupes tanto. No es porque seas gordo, negro, indígena, peruano, cuico, pobre, chuncho, albo, viejo, pendejo, emo o flaite. Te miro feo porque eres gente y trato a todos por igual. Yo no discrimino.

Bendiciones.